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La carga afectiva de sus figuraciones e, incluso, de sus viñetas abstractas reproducidas manualmente, se deben a la forma en que Amador las vincula con materiales collagísticos que, a manera de contrapuntos o trasposiciones gráficas de sensaciones e, incluso, de música y aromas, les atribuyen una gran sensibilidad interna. Así, imágenes y objetos que una vez moldearon o matizaron las personalidades de sus usuarios, en la obra de Amador hoy dan fe de modos de vida y, por extensión, de expectativas de una época, pero sobre todo de una gran inventiva para conjugar ludismo con romanticismo, espontaneidad con delicadeza, expresión con reflexión, en planos caracterizados, precisamente, por su silencio. Al implicar que el tiempo es la esencia verdadera de las cosas y, sobre todo, de la necesidad apremiante de producir arte para denotar su fugacidad, todo intento de representar su transcurso termina por ser, igualmente, inasible. De allí, que el mayor logro del esfuerzo para contenerlo sea meramente poético.


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Si la obra de Amador recuerda, en el fondo, al género vanitas bien puede deberse, en mayor o menor grado, a que éste constituye una de las constantes de la pintura oaxaqueña del siglo xx. Esta conciencia de lo ya consumado por otros artistas, le ha permitido a Amador trascender sus influencias, para fundar su discurso personal, pero sin rehusar su constante principal: la latencia de lo mítico y lo legendario en la cotidianeidad del presente. Sin embargo, su formación como diseñador gráfico le ha dado el rigor para sustentar y proyectar modernamente lo que rescata de un pasado remoto. Y es por ello que su obra más reciente, como la de un arqueólogo de la memoria emocional, se sitúa sin contradecirse en un plano que valida la nostalgia mediante un lenguaje que aspira a trascender poniendo su fuerza evocativa al servicio de nuevos significados.

Texto por: Luis Carlos Emerich
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Aromas

MARCADO POR UN CRUCE de tradiciones, tiempos, de visiones del mundo, el arte de Amador Montes aspiraría a ejemplificar con los mejores argumentos la posibilidad de construir un imaginario híbrido muy original, con base en un código efectivo para involucrar lo mismo y lo otro, lo propio y lo distinto, o bien, para dar cauce a la inmanencia viva del mestizaje, en un horizonte de representación fundamentalmente plástico.

Este elemento, lo plástico, no debe entenderse en la obra de ese artista sólo como un recurso artístico que la refuerza, sino mucho más que eso, como el valor fundamental que la sustenta. Lo plástico involucra a las emociones, a las sensaciones, a aquello que apenas si se puede sugerir con palabras y que está más allá de la representación del objeto o del tema.

Así, apenas si se dice algo describiendo las hermosas composiciones, con sus esterilizadas aves y motivos vegetales, con el cruce tan efectivo de descripciones lineales, diríase que diseñadas, con otras más bien gestuales y matéricas. El impacto inmediato proviene de su estética y de su fuerza expresiva; rige la experiencia frente a las obras y establece su estatuto.


 

aromas


Después del asombro del primer impacto, la mirada busca y encuentra los fundamentos de la destreza, del virtuosismo, de los desarrollos temáticos, de las afortunadas combinaciones en las que se basan sus técnicas mixtas. Después del asombro y de la mirada relacional, la lectura del espectro puede buscar en lo simbólico, en el espacio del sentido que solo puede provenir del campo específico de la propuesta artística.

En tradiciones como la Oaxaqueña y la mexicana, tan saturada de poéticas que involucran a la naturaleza, a la surreal, a la imaginación creadora, a los referentes míticos y cotidianos (tan patentes en los títulos de sus obras), resulta muy difícil fijar una nota original. Amador Montes a logrado con notable talento y personalidad. Su obra se nos revela como un regalo de notas visuales que nos regresa a la sensación, al misterio del arte, a un imaginario que esquiva el sobrepoblado universo de la iconósfera publicitaria y pobremente ocurrencial, que coloniza la mirada contemporánea.

Luis Rius Caso